El arquitecto, profesor y urbanista Balkrishna Doshi se ha convertido en el primer indio que gana el premio Pritzker, conocido como el ‘Nobel de la arquitectura’, y lo ha hecho con una carrera centrada en su país de origen y con obras que «respetan la cultura oriental, a la vez que mejoran la calidad de vida». Con 90 años es uno de los arquitectos más conocidos y respetados de la India y su origen ha marcado claramente su obra.

Su familia está dedicada a la fabricación de muebles desde hace dos generaciones, una labor que influyó en Doshi (Pune, 1927) para que desde que apenas levantaba unos palmos del suelo mostrase interés en el arte y la arquitectura.

Después de estudiar en la Escuela de Arquitectura Sir J.J. de Bombay (oeste), la más antigua y prestigiosa de la India, Doshi viajó a Reino Unido, que acababa de poner fin a su época colonial en la India, con la intención de enrolarse en el Instituto Real de Arquitectos Británicos. De ahí se fue a París, donde trabajó cuatro años para Le Corbusier. Regresó a su país en 1954 y durante varios años supervisó proyectos del arquitecto franco-suizo en Chandigarh (norte), una ciudad que simbolizaría la India moderna nacida tras la independencia de los británicos, y en Ahmedabad (oeste).

Un arquitecto que «nunca se repetía» y que «siempre encontraba conceptos e ideas nuevos como soluciones a los numerosos problemas que se plantean constantemente en la India», como explicó Doshi a la agencia EFE en una visita a Granada (sur de España) hace 20 años. «Gran parte de mi vida profesional ha sido siguiendo los pasos de Le Corbusier, quien me advertía: tienes que adelantarte en las soluciones porque siempre va ha haber alguien más inteligente», dijo Doshi.