Juan Sordo Madaleno es sin duda uno de los arquitectos más injustamente ignorados y malinterpretados de la cultura arquitectónica moderna mexicana. Esto es algo muy peculiar, ya que como profesionista Sordo Madaleno se distinguió por ser uno de los arquitectos más productivos en el país. Las imágenes de su obra abundaban en publicaciones y revistas especializadas y fueron, de hecho, de las más numerosas en los libros de Myers y Cetto, las dos fuentes clásicas sobre el movimiento moderno mexicano de mediados del siglo XX.

Sólo quizá Mario Pani rebasaba a Sordo Madaleno en cantidad de obra construida. Más importante, sin embargo, fue la calidad constructiva y refinamiento espacial mostrado en sus edificios e invariablemente elogiado por los críticos de arquitectura, dentro y fuera de México. En este sentido, resulta sorprendente el nivel de organización que su despacho debió haber tenido para lograr tal cantidad y calidad de trabajo.

Sus colaboraciones con arquitectos de la época (desde Augusto H. Álvarez, Luis Martínez Negrete, José Luis Certucha, Álvaro Ysita Ortega, Enrique Langenscheidt, Jesús García Collantes, Jaime Ortiz Monasterio, José Villagrán García, Ricardo Legorreta, Luis Barragán, Imanol Ordorika, J. Francisco Serrano, José de Yturbe, hasta su inseparable socio de madurez José Adolfo Wiechers) dibujan a un personaje efectivamente pragmático y políticamente sagaz, pero con una gran visión y capacidad de diálogo y entendimiento.

En 1956 nace su hijo Javier Sordo Madaleno Bringas, quien continuase con su legado después de su muerte; formando el grupo Sordo Madaleno, donde actualmente es presidente del consejo. A partir de los años 70´s sus trabajos se acentúan a una serie de proyectos de centros comerciales, definiendo un estilo urbano en la capital del país. En 1985 muere Juan Sordo Madaleno dejando un legado arquitectónico que representa la infraestructura moderna en México.

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