En la década de los años veinte del siglo pasado surgió un estilo en en las artes llamado Art Nouveau. Como una manera de romper con los dogmas dominantes de la época, esta nueva tendencia pretendió enaltecer la naturaleza, la libertad y la sensualidad en acabados caracterizados por las ligereza de las líneas curvas. Fue la Inglaterra victoriana quien evidenció que la arquitectura de entonces se encontraba en un estado de criogenización de la vanguardia de su estética, que era agrisada por enormes construcciones medievales y posteriormente edificaciones estilo gótico —por cierto una fascinante paradoja de la arquitectura que combinaba estilos sombríos, de la mano a prodigiosas inspiraciones religiosas predominantemente católicas.

El surgimiento del movimiento Arts & Crafts, que pretendía dotar de belleza algunos de los objetos que se utilizaban en la vida cotidiana mediante acabados decorativos,sentó las bases de lo que posteriormente sería el Art Noveau en Francia. En la arquitectura, el Art Nouveau incorporó características de la estética en una simbiosis con novedades que venían de la revolución industrial como el hierro y el cristal, aunado a hermosos ornamentos en su mayoría ondulatorios, inspirado en las líneas “rebeldes” de la naturaleza. Se trató de una de las vanguardias más elegantes y reaccionarias que empataban con una época de liberación social en grandes magnitudes y que mezclaban las artes aplicadas como el diseño y la ilustración. Un dato fascinante de esta corriente es que muchos de sus famosos ornamentos curveados se inspiraron en estudios botánicos y los organismos que se encontraban en las aguas más profundas del mar, como lo fue por ejemplo, el libro Arte en la Naturaleza del biólogo alemán Ernst Haeckel Heinrich. El desdoblamiento de estas líneas de flujo Art Noveau se entendió muchas veces como una metáfora de libertad o liberación importante para una época de expansión de las ideas, sobre todo en la Filosofía y las Artes.

En México, a la par que se formaba en Europa, el Art Nouveau también llegó gracias a personas que tenían el nivel económico de viajar e importar estas ideas, sin mencionar por supuesto, la gran ola de modernización, o mejor dicho afrancezación de la ciudad de México en la época del porfiriato. Gracias a la importante pluralidad de nuestra urbe, la ciudad de inicios del siglo XX, incorporó, no sólo el estilo Art Noveau en sus nuevas tendencias, sino que, lo mezcló con movimientos artísticos como el neo-indígena que sumado a estilos del pasado pero aún vigentes en ese tiempo, formaron un mix extraordinario de estilos entre el neogótico, renacentista, colonial y neoclásico, todos convergiendo en una misma zona metropolitana.

Aunque la mayoría de los edificios de Art Nouveau en la capital fueron destruidos, la ciudad de México aún guarda algunos vestigios honrosos que nos sofistican con su presencia. Se dice que en realidad no existe como tal un edificio completamente de Art Nouveau, sino de adecuaciones hechas por arquitectos del país. Lo cierto es que aún este estilo engalana lo mejor de un lugar tan híbrido como la ciudad de México